De repente, un tipejo
Cuando salimos de casa un día cualquiera, no elegimos cuidadosamente nuestra ropa interior para estar presentables si nos da un patatús, o por si terminamos follando salvajemente con un atractivo desconocido, ni vamos mirando el suelo por si encontramos un billetazo. Eso es porque no hay ninguna señal que indique: "Amiga, hoy te va a dar un chungo, así que ponte el conjunto de pillar, que terminarás follándote al médico de urgencias", o "atento al torcer la esquina porque en el suelo habrá cincuenta eurazos". Gran parte de lo que nos sucede que es fruto de casualidades imposibles de prever. Por ello, vamos por la vida con las bragas llenas de bolisas, la sobaquera peluda, sin esperar un billete detrás de cada esquina y sin tener la certeza de que un día cualquiera puede ser un gran día o un día de mierda. Para bien o para mal, así son los días cualquieras.
Vi por primera vez a los malavideros en abril de 2004 durante el I Salón de Caspe. -Aaaanda, así que son éstos los que hacen el fanzine Malavida. Solía leer el Malavida en el váter. Y luego lo tiraba a la basura. Era gratis y tenía dibujos. Con eso bastaba. No me importaba mucho quién lo hiciese. Acudí a Caspe empeñada en que un amigo ilustrador conociese a gente del mundillo. Como soy, aparte de obstinada, una tía muy pesada, quería encasquetarlo en todos los stands y actividades. ¿Que esta gente se disfraza de pokemons en pañales? ¡Pues que se disfrazase él también! Le señalé el stand de Malavida y mi amigo dijo que no le gustaba lo que hacían. Me acerqué a alparcear y terminé comprando un tebeo a una chica pelirroja, mientras Moratha, el autor, me hacía un dibujico. El stand estaba lleno de latas de cerveza vacías y de malavideros algo más que contentos. ¡Joder con la Malavida! A esas horas de la mañana… Menudos tipejos. Meses más tarde visité su página web y su foro y pude constatar que, efectivamente, eran unos tipejos.
Un día cualquiera, salí del trabajo, con mis bragas viejas y mis axilas peludas, sin contar con que aún podía darme un chungo o incluso follarme a ese desconocido del que hablaba al principio; sin sospechar que podía ser un gran día o no serlo en absoluto. Fui por la otra acera, por variar mínimamente mi recorrido de vuelta a casa. Y entonces me tropecé con uno de los tipejos de Malavida. Yo diría que el más tipejo de todos. -¡Ey, tú eres Xcar, de Malavida!-exclamé. Me presenté como buenamente pude, venciendo mi timidez, y charlamos un rato. Tomamos unas cañas en el bar de al lado, me invitó a cenar a su casa, conocí a Pum, su maravillosa chica pelirroja, hablamos de tebeos, comimos pasta con setas y gambas, bebimos una botella de orujo de hierbas y volví a casa con un pedo como un general y con la certeza de que había sido un gran día. Lo que aún no sabía es que a raíz de esta feliz coincidencia terminaría dibujando en aquella revista que leía en el váter, haciendo cosas para las que me sentía incapaz y compartiendo stands llenos de latas vacías con amigos estupendos.
Hoy hace dos años de esto y ese tipejo, Xcar, ha resultado ser un gran tipo.
¡Buen día cualquiera a todos! Va a ser un gran día, ponéos una muda limpia.


