Quien parte y reparte se lleva la peor parte
Compartir aficiones con tu pareja es enriquecedor y estimulante si te gustan los animales, el senderismo, la espeleología o descender rápidos en una balsa de goma pertrechado con un remo fisher-price. Pero ay de ti, lector de cómics, como tu pareja también tenga esta afición por los tebeos y encima la practique.
¡Qué bonito es al principio conocer a esa media naranja comiquera, que sabe que Cíclope no lanza rayos con las gafas y que V de Vendetta no es un ristorante italiano! Y lo que se farda. "Voy con mi novia de tiendas…" "¿De ropa?"-preguntan los amigos convencionales, que siempre están ahí para poner el contrapunto. "-¡No!-exclamas ofendido- De tebeos." Y, como tantas otras veces, tus amigos convencionales se llevan el dedo a la sien, mientras los colegas comiqueros os miran, verdes de la envidia, porque saben lo difícil que es que dos personas ¡de sexo opuesto! con esta afición particular se encuentren en el universo.
Vais por las tiendas, cogiditos de la mano, mirando novedades, buscando atrasados de vuestras listas y comentando las opiniones que gente sapientísima (o no) ha vertido en internet. "-Me han dicho que esta serie es buenísima (sí, ha venido Álvaro Pons y te lo ha dicho al oído), ¿nos la hacemos a medias?". Precioso, ¿verdad?
Dicen que compartir es amar… hasta que se deja de amar y entonces ¿qué haces con lo compartido?
La mala conciencia del que parte hace que se lleve la peor parte. Es así. De esta forma perdí hace años todo lo publicado de Hellblazer y Transmetropolitan, y me quedé con un chavalín y su tigre y un predicador pistolero.
Por eso ahora sólo salgo con tipos aficionados al parapente o a la pesca de altura.
¡Buen día a todos!
(Pulsad sobre la imagen para ampliar. Ahora sí que sí)


