No es bueno que el superhéroe esté solo
No es bueno que el hombre esté solo, se le ocurrió a Dios al principio de los tiempos, cuando aún era dicharachero y milagreaba a tutiplén, no como ahora que se prodiga más bien poco. Y si no es bueno que un hombre de medio pelo esté solo, peor aún será que lo esté un tipo con superpoderes.
Un hombre corriente a quien le apeste el sobaquillo o le huelan los pies, y que no ponga remedio a sus efluvios, puede verse de repente sin amigos, ni familia, ni nadie a quien magrear gratis.
Con más razón pesa la exclusión social sobre los tipos vestidos de fantoche. No es fácil llevar una vida normal cuando supuras telarañas, has explotado con tu coche y revives con la forma de un tubérculo horripilante, eres un extraterrestre capaz de torrar con la mirada a quien se te ponga delante, o vas fardando de hijo de dios escandinavo. Cuando vives de incógnito mintiendo a diestro y siniestro, trabajas las horas reglamentarias en un curro de mierda robando horas al sueño para hacer el bien, y a pesar de todo ello sigues dando miedo, eres vilipendiado por la prensa y criticado por tus estúpidos convecinos… no faltan ganas de hacerse villano y mandar el mundo a tomar viento.
Lo que marca la diferencia entre un villano y un superhéroe es precisamente el apego y la protección a una sociedad no siempre justa o razonable. Los villanos apenas entablan relaciones sociales que no sean de superioridad, actúan siempre en solitario, no se fían ni de su padre y además no se comen un rosco. Sin embargo, los superhéroes, a pesar de sus rarezas, no están realmente solos y cuentan siempre con un amigo fiel o una tía rediviva que saben más de lo que aparentan. Además aunque sean ciegos, estén hechos de cantos rodaos o tengan el aspecto de un horroroso vegetal, triunfan entre las nenas. ¿O no recordamos todos aquello de: Ey, nena, prueba mi tubérculo y verás que flipe? ¡Flipante!
Al final para mantener la fe en la mierda que nos rodea, todos necesitamos a alguien a nuestro lado, que nos devuelva la cordura y la humanidad que aparcamos por los rincones. Esos buenos amigos, con los que afortunadamente contamos, que se den por felicitados tal día como hoy.
¡Buen día a todos!


