Entre Los Vengadores y la JLA
Os contaba ayer mi periplo aproximatorio a los tebeos de superhéroes. No sabía por dónde, ni por cuál empezar… ¿Y si me paso al manga? Entonces me acordé de aquel engendro llamado Slam Dunk o aquel otro de Las Luchadoras de Leyenda y decidí seguir con los tipos en mallas, que los superhéroes son muy tontunos pero al menos no les sangra la nariz por ver unas bragas… blancas.
Los Gurús Barbudos me prestaron diligentemente el primer volumen de los Ultimates de Los Vengadores y un what if, else world o sabediosqué de la JLA titulado El Clavo, un trabalenguas gráfico, demasié para mis pobres entendederas que me ha dado por llamar Pablito clavó un clavito.
Este Clavo es un abrumador despliegue de superhéroes y villanos. ¡Cuánta supergente de todo tipo y condición hay en el mundo! A estas alturas, lo raro es ser normal. Lo bueno es que terminas conociendo hasta el último pariente de un Aquaman con pintas de chuloplaya y a todos los Green Lanterns de la galaxia. Lo malo es el desgaste neuronal para asimilar tanta información. Ni que fuera Santa Bárbara. Hasta quien yo creía que era un tipo corriente, Jimmy Olsen (el pecoso de Superman) ha tenido todo tipo de poderes. Después de tanto follón y de no adivinar ni de lejos quien era el malo de turno, en las últimas páginas, cuando aparece Superman versión Michael Landon ya lo entendí todo. O eso creo.
Los Ultimates de Los Vengadores parten de cero, de una premisa más acorde aestos tiempos. A pesar de no conocer prácticamente a los personajes resulta un poco chocante saber que Nick Fury era blanco y ahora es negro, que Thor sea un jipioso anti-globalización, encontrar un Capitán América fuera de onda, o ver al doctor Pym zurrando a su mujer (que por lo visto lo ha hecho siempre). Ya me cayeron gordos desde el principio, él y su mujer, por su desdén hacia el pobre Banner, para el que pintan las cosas un poco feas. A ver en qué acaba todo…
¡Un invento esto de los Ultimates!


