La inaguantable Hulka
En este periplo hacia la sabiduría superheroica, los gurús barbudos me recomendaron un cómic que me TENÍA que gustar. Es el sambenito que llevo colgado desde que estudiaba derecho. La gente piensa que las series de televisión sobre abogados, las película de juicios o los bestseller legalistas, te tienen que gustar porque son "de lo tuyo". Ahora será que lo mío es poner pleitos a dios como la translúcida de la McBeal, dilucidar si unos marines obedecían órdenes de un superior chiflado o los chiflados eran ellos, o que me interese el devenir de una jurado acosada hasta el aburrimiento. ¡Que acaben por ella, por favor! Lo cierto es que entre mis aburridos compañeros de clase, adoradores de Ally McBeal, había tortas por participar en las clases de Filosofía del Derecho esgrimiendo argumentos que eran la risión.
Volviendo al tema, el cómic que me TENÍA que gustar era Hulka, mujer verde soltera… Contra todo pronóstico, me ha encantado esta Hulka, apocada abogada a ratos e inaguantable superheroína casi siempre. A Hulka sólo la conocía de oídas, por ser la prima de Bruce Banner. Por lo visto, estando su prima al borde de la muerte, Banner, el Bruce Willis de la medicina, le hizo una transfusión de su propia sangre, zis zas, sin tener en cuenta que su sangre no era precisamente normal. Yo si me veo en una igual, ¡que no me pongan sangre de mi primo! Por si acaso. Que hay primos y primos. Hulka, sin embargo, gana con el cambio. La insignificante Jen Walters se convierte en una curvilínea mujerona verde que te quiero verde, mediática, resuelta, juerguista, consentida, algo superficial e inconstante.
Nos encontramos con una Hulka glamourosa, que tiene más que olvidado su pasado como Jen Walters. Debido a sus excesos nocturnos y a su inmadurez, es decir, por tonta, pierde al mismo tiempo su trabajo y su hogar en la Mansión de los Vengadores. Pero su sitio está en otro despacho de abogados especializado en Derecho Sobrehumano. El problema es que su jefe quiere como empleada a la humana Jen Walters, a Hulka no le gusta Jen y Jen tampoco se gusta sin su verdor.
El guión es entretenido y original. El dibujo humorístico semi-cartoon de Bobillo confiere mucha expresividad a los personajes, su spiderseñal es la leche, pero, ¡ay!, Hulka parece un calco de la princesa Fiona. Que tampoco es malo, recordemos lo buena gente que era la ogresa. Pero de la ciénaga al glamour, hay un trecho… El dibujo de Pelletier en comparación, resulta menos expresivo, nada gracioso, más superheroico, acorde a la historia que cuenta y su Hulka es un bellezón.
En resumidas cuentas, ¡quiero más! (y si puede ser, pronto)
¡Buen día a todos!
Por si el tema entintado no fuera suficientemente terrorífico por sí mismo, la etiqueta del bote de tinta china que uso, tiene un pedazo de araña con chistera de lo más siniestra. Es decir, una araña convenientemente pertrechada para el funeral que va a resultar entintar cada página.
Y es que esta semana me he sensibilizado mucho con el tema de los colores. He tenido la suerte de asistir a un curso de teoría del diseño, composición, color y tipografía. Aunque siempre hay algún elemento que no percibe nada aunque le echen agua hirviendo, las sensaciones que nos producen los colores son más o menos comunes. De ahí casi todos los superhéroes vayan de azul y rojo, que el cobarde bastardo de Frank Miller sea amarillo, y que la misteriosa Delia Ojos Azules tenga ¿todo? azul.
Julie Doucet es una autora canadiense de cómic underground. Empezó autopublicándose sus tebeos que después pasaron a ser publicados por una editorial de cómic independiente.En 1991 ganó un premio Harvey. El cuento de la lechera -con final feliz- para cualquier dibujante de tebeos. Lleva publicados cuatro libros de los cuales únicamente he leído dos: Diario de Nueva York y El caso Madame Paul.
El elenco de secundarios, conforme transcurre la historia, eclipsa a la propia protagonista. Y es que, entre su novio (que no es el cabrón del Diario, sino otro, que tira más a gilipollas), siempre de picos pardos; su amiga Sophie, que seguramente ya no lo será, a tenor de cómo la dibuja (es la gafotas de la derecha); Madame Paul, la casera más molona y sus vengativos familiares; la tibia Julie no encuentra su sitio. Y si lo encuentra es fuera del tebeo.

"Pero… podemos ser amigos" es lo que decimos cuando alguien que no nos gusta comete el terrible error de declararse. Eso y lo de "quedar como amigos" cuando dejamos a alguien o nos dejan, sirven para suavizar situaciones incómodas. Pero no hay que engañarse. Ni él ni ella quieren ser amigos. Seguirán queriendo mojar como amigos, follar con otro sin remordimientos o no volver a vernos en la vida. Cualquier cosa menos ser amigos.
¿A quién vas a convencer así? Y luego, el consabido drama: el amigo o la amiga que abren su corazón, el otro o la otra que sólo quieren "ser amigos", aquéllos que se conforman pero les persiguen psicóticamente "como amigos", y los otros que no ven la forma de escabullirse, hasta que al final ni amigos ni hostias. Entre mujeres es mucho peor, porque no sólo no evitamos estas situaciones, sino que además las propiciamos: Tía, yo creo que le gustas. ¿Yo? Qué va. Que sí que sí. Chica, no sé. Yo lo veo clarísimo, si fuera tú, me lanzaba… Lo difícil es saber si es por maldad o por empatía.
"Esto" era un cómic titulado JLA Año Uno. Todos meneamos la cabeza apenados por su ascética vida de estudiante borracho, mientras el Gurú dejaba el cómic en su sitio. 




Cómo me he vuelto estúpido (Nikola Witko y Martin Page) cuenta la historia de Antonio, un tipo inteligente pero infeliz, que piensa demasiado y que cree ahí está la clave de su infelicidad. Intentará dejar de pensar de todas las formas posibles. Lo que ignora es que al conseguirlo podría convertirse en una persona normal, obtener un gran trabajo y ser socialmente aceptado, pero también volverse idiota.
"Estoy pensando en montar una escuela… para enseñar a la gente a que se la sude… a no hacer más que lo que les guste… pero no demasiado rápido"
Este Clavo es un abrumador despliegue de superhéroes y villanos. ¡Cuánta supergente de todo tipo y condición hay en el mundo! A estas alturas, lo raro es ser normal. Lo bueno es que terminas conociendo hasta el último pariente de un Aquaman con pintas de chuloplaya y a todos los Green Lanterns de la galaxia. Lo malo es el desgaste neuronal para asimilar tanta información. Ni que fuera Santa Bárbara. Hasta quien yo creía que era un tipo corriente, Jimmy Olsen (el pecoso de Superman) ha tenido todo tipo de poderes. Después de tanto follón y de no adivinar ni de lejos quien era el malo de turno, en las últimas páginas, cuando aparece Superman versión Michael Landon ya lo entendí todo. O eso creo.
Los Ultimates de Los Vengadores parten de cero, de una premisa más acorde aestos tiempos. A pesar de no conocer prácticamente a los personajes resulta un poco chocante saber que Nick Fury era blanco y ahora es negro, que Thor sea un jipioso anti-globalización, encontrar un Capitán América fuera de onda, o ver al doctor Pym zurrando a su mujer (que por lo visto lo ha hecho siempre). Ya me cayeron gordos desde el principio, él y su mujer, por su desdén hacia el pobre Banner, para el que pintan las cosas un poco feas. A ver en qué acaba todo…
-Todo el mundo lee superhéroes- pensé- No puede ser muy difícil… Meeeeeeeeeeeeeeec. Primer error. ¿Por dónde coño empezar cuando todos los superhéroes llevan siglos publicándose? ¿Por el principio? Unos sudores fríos, unos ojos en blanco, un bolsillo tembloroso…
¿Mande?


