Los muertos vivientes: O follamos todos…
Vivo sin vivir en mí. ¡Qué cómic éste de Los Muertos Vivientes! ¡Qué fijación la de los seres humanos por emparejarnos y follar en cualquier momento y situación! ¡Qué gran verdad lo de "el muerto al hoyo y el vivo al bollo"! Centenares de zombies acechantes no pueden empañar la auténtica necesidad del hombre: el folleteo.
Spoilers (tampoco muy relevantes. No ampliéis las imágenes, por si acaso)
Durante los primeros números se desarrolla una película de zombies, con mucho arrejuntamiento y amorío, que eso siempre cae simpático entre tanto bicho podrido. Y es que estas gentes que han perdido familia, hijos y parejas, tienen mucho amor para dar. No hay como que el 90% de la población esté muerta para pillar cacho. Ahora bien, las cosas cambian en el cuarto tomo. Nos encontramos un pseudo-reality show, "La cárcel de los tarados": broncas y hostias a tutiplén, dilemas éticos a go-go y drama sexual…
¿Qué hacer para sobrevivir cuando todo se ha ido al garete?
Lo primero: ignorar las leyes. Con lo que cuesta aprobar una ley, que si 500.000 firmas, que si mayoría tal o cual, que si las enmiendas, y lo fácil que se las salta uno. Cocineros, sastres, electricistas y mamporreros, todos bienvenidos. Abogados y juristas, detrás de la valla, por favor. De ahí que con la plaga que son, no haya aparecido ningún superviviente de este ramo.
Lo segundo: mantenerse cuerdo. A estas alturas los supervivientes han perdido la chaveta. Esperemos que el guionista no. Igual de peligrosos son los muertos vivientes que los supervivientes chalados. Porque los zombies tienen pinta de oler muy mal, que si no, casi me cambiaba de bando.
Y lo tercero: una churrupaíta. Desestresa, alivia, relaja y se rinde más descalabrando muertos. Pero ¿y si a tu chica no le agrada? El drama psico-social-sentimental esta servido. Ya podemos olvidarnos de zombies y hostias.
¡Buen fin de semana a todos!


