Pitufina rubia de bote, ¡chocho morenote!
La pitufina siempre me cayó gorda hasta que leí una historieta titulada "La pitufita" (de 1967), que demostraba que estaba operada y teñida (¡lo sabía!), y que encima era una víctima de la sociedad pitufil, que no es otra cosa que un calco simplificado de la sociedad humana.
Ahí donde la véis, la pitufita no siempre ha sido una melosa barbie azul de largas pestañas y zapatos de tacón. Una vez tuvo la desgracia de ser morena, pelicorta e inadaptada. Menos mal que en los cuentos todo acaba bien y… ¡se tiñó de rubia! ¿No me creéis? Pues atentos…
La pitufita fue creada por Gargamel, con la misión de enamorar a los pitufos y causar discordia entre ellos. Pero claro, en 1967 aún se llevaban las hembras de largas melenas y curvas espectaculares, y el brujo, que no estaba muy al día (no hay más que ver la túnica mugrienta y andrajosa que llevaba), creó una pitufa narizotas, de pelo paja, algo rechoncha y vestida con retales.
Los pitufos, que no pensaban más que en pitufar de sol a sol y en pitufar zarzaparrilla, no se sintieron demasiado atraídos por la pobre moza, que de tanto querer agradar se hacía un poco pesadita. Feúcha y mandona, ¡venga hombre!. Así que decidieron pitufarle a la pobre pitufina una serie de bromas sobre su aspecto y sus gorduras y claro, sabediós si la la pillaron en un mal día, con la regla, la moral baja y sin chocolate a mano… Y entonces…
El Gran Pitufo, un santo varón que lo mismo prepara una poción que parchea con silicona, decidió emular al doctor Pitanguí, y la pitufó de arriba a abajo dejándola así de resultona…
Pero lo que nadie podía imaginar era que los efluvios y el amoníaco del tinte rubio iban a traer desastrosas consecuencias neuronales para la pitufita, que desde entonces se convirtió en una odiosa cursilona. Mirad qué chiste…

Tiene que ser cosa del tinte…
¡¡Buen día a todos!!


